EL SEMÁFORO PARA EL AUTOCONTROL EMOCIONAL

mayo 03, 2017



Muchas veces, a lo largo de los días o de un mismo día, nos enfrentamos a situaciones que nos generan gran carga emocional y unas reacciones intensas que se escapan de nuestro control.
Lo que hoy os traigo es una técnica para poder manejar nuestras reacciones en esas situaciones de las que no podemos escapar: La Técnica del Semáforo.

Todos sabéis lo que es un semáforo y lo que representa cada color: Cuando la luz está roja hay que detenerse, cuando está en ámbar nos indica que tenemos que tener precaución y la luz vez nos avisa de que ya podemos pasar. Pues bien, con nosotros mismos podemos ejecutar el mismo procedimiento.

LUZ ROJA= PARAR: Para empezar, tenemos que aprender a identificar las señales de nuestro cuerpo que nos avisan de que nos estamos empezando a enfurecer, a frustrar, a asustar… y una vez que tenemos claro que el siguiente paso es la conducta, ya sea llorar, gritar, pegar, tirar cosas… tenemos que PARAR y no dejarnos llevar por nuestras emociones. Es decir, este primer paso es de identificación de nuestras emociones y del riesgo a tener una respuesta inadecuada ante ciertas situaciones. Una vez lo tenemos hecho, pasamos al siguiente paso.

LUZ ÁMBAR O ANARANJADA=PENSAR: Una vez hemos identificado las señales de nuestro cuerpo y hemos parado antes de desarrollar la conducta inadecuada es el momento de PENSAR. Y tenemos que pensar en qué nos ha causado el malestar, cómo tranquilizarnos y qué respuesta dar y cuando la tengamos clara, saltamos al tercer y último paso.

LUZ VERDE=ACTUAR: Ya llega el final del proceso y es el de ACTUAR, es decir, de llevar a cabo la respuesta adaptativa, ajustada y adecuada que resuelva el problema sin generarnos malestar o emociones desagradables.
Cómo podéis ver se trata de un procedimiento sencillo. No obstante, para que lo veáis más claro os relato un ejemplo práctico a continuación.

EJEMPLO:

Supongamos que un día sales tarde del trabajo y por ello llegas a casa muy cansado/a. Al cruzar el umbral de la puerta esperas tener tranquilidad y poder descansar pero ocurre todo lo contrario: las personas con las que convives empiezan a pedirte que les  ayudes en algunas cosas, además tienes que preparar algunos temas para el trabajo al día siguiente… en ese momento empiezas a notar cómo te vas enfadando y sabes que vas a responder gritando y diciendo cosas de las que después te arrepentirás. Bien, es el momento de PARAR y no dar ninguna respuesta y a continuación de PENSAR en controlar la respiración para relajarnos, cómo organizar el tiempo para dar cabida a todas las tareas y cómo responder a las personas que acuden a ti en busca de ayuda. Una vez sabemos todo lo anterior, ACTUAMOS: Le decimos que venimos cansados y que hoy no le vamos a poder ayudar, o que primero vas a darte una ducha para relajarte, luego vas a preparar lo del trabajo y después si queda tiempo les ayudarás, o que vas a ayudarles y después preparas lo laboral…

Una vez hemos actuado de forma tranquila, en lugar de con gritos o con violencia (verbal, objetal o física) generaremos un entorno más favorable donde tenga lugar la comunicación y el respeto. Esto facilitará el amor y el afecto propio y el de los otros hacia nosotros, así como la disminución del sentimiento de culpa generado por la reacción mantenida hacia la otra persona.


¡Ahora solo os falta ponerlo en práctica!



"Que el temor a fallar no te impida jugar"

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